Uno de los sectores que más ha evolucionado en el último año ha sido el de los pagos digitales. Mientras que los pagos en efectivo se redujeron en un 16% a nivel mundial en 2020, el uso de las billeteras digitales aumentó con picos de adopción entre el 40% (Indonesia) y el 90% (Australia), según un informe de McKinsey.

Este nuevo escenario no hará más que crecer: en Europa, por ejemplo, se estima que los pagos digitales crecerán un 70% en los próximos cinco años y, en Latinoamérica, proyectan que el número de celulares superará los 590 millones para 2025. Teniendo en cuenta que los pagos mobile están en auge y la baja penetración de las tarjetas de crédito en la región, es probable que los pagos móviles sean cada día más populares.

Entre las tendencias más destacadas se encuentran los métodos “contactless” desde el móvil u otros dispositivos como los wearables (relojes u otros accesorios). Los códigos QR y el uso de “monederos electrónicos” batirán récords, de acuerdo a un análisis de la fintech Paynopain.

Aunque con una adopción más baja, las criptomonedas están pasando de ser solo una forma de atesorar y generar más dinero para ser, además, un medio de pago en comercios e incluso algunos se animan a cobrar su salario o a comprar y alquilar propiedades con ellas. Desde Paynopain también identifican a las monedas virtuales como uno de los hábitos que crecerá en 2022.

Las finanzas integradas o embedded finances es de las tendencias más importantes y profundas en la industria financiera. Este modelo permite que industrias no financieras puedan ofrecer productos financieros dentro de sus ecosistemas digitales para mejorar la experiencia del cliente. Alcanzar este modelo supone cambios profundos como el que propone otro fenómeno de gran relevancia: el open banking

Open banking

El open banking permite a cada usuario ser dueño de sus datos. Esto significa que los bancos deben abrir esa información financiera que poseen sobre sus clientes (si éstos así lo consienten) para que otras instituciones puedan utilizarla y así ofrecer servicios con mayor nivel de eficiencia y ampliar la oferta de valor que el usuario recibe.

El open banking forma parte de una tendencia relacionada con las exigencias de los consumidores, que no quieren cambiar continuamente de plataformas cada vez que hacen una compra o contratan un servicio online. Por el contrario, prefieren recibir servicios financieros y opciones de pago en el mismo lugar donde realizan sus compras.

Esto se logra a través de la incorporación de APIs, es decir, soluciones tecnológicas que integran parte del software de una empresa con la plataforma de un tercero desde donde se obtiene la información bancaria de un cliente de forma segura.

Gracias a estos avances, bancos, fintechs y otras industrias pueden ser capaces de ofrecer una amplia variedad de servicios, como Buy Now, Pay Later (“compre ahora, pague después”, es decir, compras a plazo mediante un crédito inmediato sin necesidad de tener tarjeta), o la contratación de seguros y otros productos financieros a un costo menor y más personalizados.

Es que poco a poco, se va imponiendo un modelo de negocio que sitúa al cliente en el centro de la estructura de productos y servicios que se encuentra disponible por múltiples medios, las 24 horas del día. Este panorama requiere de un profundo conocimiento de los clientes con el objetivo de darles el mejor servicio. Para ello, es necesario recopilar y procesar información provista por estas tecnologías, detectar sus necesidades y anticiparse a ellas con soluciones a medidas de cada uno.

El inicio de una revolución financiera

Tanto el open banking como el embedded finance le permiten a las empresas ser protagonistas del futuro digital de las finanzas partiendo de la propia confianza construida con sus clientes. Y, como toda tendencia, estar entre los primeros siempre trae beneficios.

Para Pablo Ces, CEO de Flexibility, un middleware que conecta servicios financieros, “los ganadores serán aquellos que sepan adaptarse y logren utilizar la tecnología y los servicios disponibles para formar un ecosistemas propio gracias a su actual penetración de mercado, o sea, aprovechar su comunidad de usuarios para conquistar el terreno de las finanzas embebidas”.

Asimismo, la banca abierta ofrece la oportunidad de crear productos más atractivos para el público joven, más permeable a las novedades. Según un estudio elaborado por Backbase, plataforma de banca, y la Americas Market Intelligence (AMI), el 75% de jóvenes latinoamericanos entre 18 y 21 años prefiere contratar servicios de neo bancos y fintechs antes que de bancos tradicionales.

La regulación es dispar a uno y otro lado del océano: mientras que en Europa ya existen dos leyes que promueven el acceso a los datos bancarios (el Reglamento General de Protección de Datos -GDPR- y la Directiva de Servicios de Pagos -Second Payments System Directive o PSD2- que entraron en vigor en 2018 y 2019 respectivamente), en Latinoamérica hay países que adoptaron una política más de “esperar y ver”.

De una forma u otra, lo cierto es que el mercado sigue su ruta. Por eso, las empresas que busquen posicionarse y picar en punta en esta nueva realidad, tendrán como desafío generar productos financieros innovadores sin perder de vista que el time-to-market puede hacer la diferencia entre el éxito y el fracaso de cualquier iniciativa.

La presencia de un socio tecnológico que acompañe desde la concepción de un producto resulta esencial: en cualquier producto o servicio que se desee ofrecer será indispensable tener la capacidad de combinar los datos existentes de bases previas con la información provista por las entidades bancarias.

Una plataforma completa de gestión de datos como Conciliac EDM permitirá centralizar, automatizar y estandarizar todos los procesos que involucran integración, validación y gestión de datos en general. De esta manera, aporta a la toma de decisiones para diseñar nuevos productos basados en datos verídicos.