Llega fin de mes. Y la preocupación crece. Esta vez no porque no haya dinero en la caja sino porque llegó el momento de conciliar, una tarea que arrancará el último día hábil y se extenderá hasta el quinto del mes siguiente. Conciliar las cuentas exige la precisión del relojero y no importa a cuánto stress se esté sometido. Todo tiene que salir correcta y perfectamente.

Es el momento en que se advierte que la tecnología es la aliada para que esa tarea se realice con efectividad y eficiencia. Aunque, claro, nada de esto sucedería si no fuera, fundamentalmente, por el nivel de compromiso de la persona o el equipo a cargo de conciliar los datos.

A diferencia de lo que suele pensarse, las herramientas de conciliación necesitan del factor humano para alcanzar los objetivos que se buscan. De lo contrario, los resultados pretendidos no sólo no se alcanzarían sino que, además, podría generarle inconvenientes a la empresa.

Ya se conocen las ventajas de automatizar los procesos de conciliación. Definitivamente, quienes han implementado estas soluciones han logrado mejoras de eficiencia significativas. Y quienes antes realizaban esta tarea de manera manual, al liderar este proceso ahora automatizado, encuentran nuevos modos de contrastar datos para tener información cada vez más precisa que redunda, al final del camino, en un mejor desempeño del negocio.

Las herramientas de conciliación no reemplazan a ninguna persona dentro de una empresa. Al contrario, evidencian el valor del factor humano cuando se realiza a conciencia.

La adopción de tecnología, el avance de la transformación digital en las organizaciones suele generar resquemores en los planteles de las organizaciones. Cuando aparece la palabra automatización, la desconfianza y la resistencia se imponen como regla porque, y con justa razón, las personas creen que van a ser reemplazadas. Si bien esto puede suceder en tareas rutinarias no es el caso de la conciliación que, en una primera mirada, puede llevar a pensar en la repetición de una tarea pero cuando se analiza en qué consiste realmente esta actividad se advierte que el rol del usuario es clave. Esto es así de contundente porque de esa persona, de ese equipo depende que el sistema responda al resultado al que se quiere llegar.

La persona responsable del proceso tiene claro qué debe conciliar. Cuando automatiza un proceso es la encargada de crear las reglas porque ya conoce el escenario, sabe con qué datos cuenta y puede hacer evolucionar esos análisis iniciales a partir del cruce de nuevos datos y la búsqueda de nuevos resultados. Sólo quien conoce a la información y sus contextos puede definir nuevas reglas.

Ante este panorama, entonces, se produce un doble juego: el sistema hará lo que el usuario pida a partir de las reglas que se le ordene. Pero ese usuario también tendrá que reinventar parte de su forma de pensamiento para alcanzar resultados nuevos: tendrá que pensar como una máquina que sabe ir de A a B y no se distrae en el camino. Ese doble juego de la persona a cargo de la conciliación hará que pueda potenciar el uso de la herramienta de conciliación y, a partir de los nuevos resultados que obtenga, agregarle valor a esa actividad que, realizada de manera manual, sería imposible de considerar siquiera.

Si en tiempos de pandemia hubo tanto énfasis en la reinvención de las personas que no pudieron seguir cumpliendo con sus tareas habituales porque resultaba imposible dadas las restricciones, la conciliación también impulsa a la reinvención, pero desde un lugar más saludable: al del aprendizaje constante y a la generación de nuevo conocimiento puertas adentro de la empresa a partir de personas que se valen de las herramientas digitales para ampliar escenarios, profundizar análisis, y mejorar servicios de cara a los clientes.

En la era de la transformación digital, la automatización alcanzará a la mayoría de las actividades laborales, a algunas más, a otras menos. Las profesionales, las vinculadas con la información son las que menos expuestas están a una automatización total, tal como lo señala el informe  A future that Works: Automation, Employment and Productivity, elaborado en 2017 por el McKinsey Global Institute y citado en el libro Después del trabajo, de Eduardo Levy Yeyati.*

El cerebro humano funciona como una ametralladora de ideas. La computadora dispara de a una orden por vez, aún cuando pueda realizar muchas en simultáneo. Esa orden debió ser pensada, primero, por una persona. La automatización de la conciliación, justamente, requiere de ese cerebro para que la actividad se realice con eficiencia, y sin stress.

(*) Después del trabajo – El empleo argentino en la cuarta revolución industrial, Eduardo Levy Leyati, Sudamericana, Buenos Aires, 2018.