Las fintech apuntan a los segmentos de población desatendidas por la banca tradicional. Surgen oportunidades en todos los eslabones de la cadena de valor.

El fenómeno Fintech acumula unos 5 años en el mundo, aunque hay casos de empresas que iniciaron el camino algunos años más atrás cuando ni siquiera se había acuñado el término. La pandemia fue el espaldarazo que necesitaron para impulsar una más rápida adopción de parte de los usuarios que, obligadamente, debieron superar resistencias y adoptar mecanismos para pagar o cobrar a través de servicios financieros digitales o acceder a otras prestaciones bancarias que, en otro momento, no hubiesen imaginado utilizar. Esta explosión de los medios de pago digitales, que ya fue abordada en un post anterior, dio el empujón final para la explosión de la industria fintech.

Un informe recientemente publicado por la consultora KoreFusion determinó que al cierre de 2020 América Latina contaba con 1.075 fintech concentradas principalmente en Brasil, Chile, Argentina, Colombia y México. Este grupo de países ha sido capaz de capturar inversiones por más de U$D8.000 millones.

Este segmento vino a cubrir las necesidades insatisfechas de una gran porción de población -principalmente de ingresos bajos- por parte del sistema financiero tradicional que por ciertas regulaciones (o por desinterés) no lo atendía. La ventaja de las fintech reside en que además de aprovechar el uso de tecnología para segmentar a los públicos, efectuar análisis crediticios y de riesgos bien específicos, o detectar oportunidades, también facilitan una operatoria que la banca tradicional se empeña por mantener en términos burocráticos y anacrónicos, lo que se traduce en una baja penetración de los servicios financieros a nivel regional.

En México, por ejemplo, más del 50% de la población no está bancarizada, más del 30% no tiene ningún producto financiero y el 31% accede a algún tipo de crédito, de acuerdo a un informe de Andreesen Horowitz.

En Brasil, de donde proviene Nubank, la fintech más grande de la región, hay un mayor acceso a los servicios financieros a través de la tarjeta de débito, que alcanza al 70% de la población, aunque ese índice cae al 33% cuando se trata de una tarjeta de crédito. Otro 33% no está bancarizado.

Las fintech se propusieron alcanzar a esas poblaciones desatendidas a través de diversos servicios y se apalancaron en el teléfono móvil como forma de abordarlas. Dicho dispositivo cuenta con una penetración promedio de 80% en América Latina, según datos de la GSMA.

La combinación del móvil con aplicaciones financieras que permiten obtener créditos para el consumo en solo 3 pasos, dar de alta una tarjeta de crédito digital mediante el envío de una selfie y de una foto del documento de identidad, o realizar el pago de productos y servicios mediante un código QR, dieron origen a un ecosistema atractivo para la inversión extranjera. Nubank, la mayor fintech de la región, comenzó 2021 con una inyección de capital por U$D400 millones que luego en Agosto amplió a U$D1.150 millones.

Ualá, otro de los emblemas latinos, capturó U$D350 millones en Agosto pasado, y 3 meses más tarde anunció la adquisición del banco ABC Capital de México como parte de su plan de expansión en la región.

Esto muestra que hay interés de los fondos de inversión por impulsar a estas nuevas empresas financieras que han sabido posicionarse rápidamente en las distintas poblaciones a través de servicios fáciles de utilizar, que ayudan a los usuarios a resolver cuestiones de su día a día.

Concentradas en rubros como pagos digitales, créditos, infraestructura de pagos y soluciones tecnológicas diversas, parte de su éxito también reside en la transparencia de la información que le brindan a los usuarios sobre cómo circula el dinero que mueven, más allá de la transacción realizada.

Y la transparencia de los movimientos que realizan los usuarios, sumadas a las posibilidades de hacer crecer sus ahorros (aún los más pequeños) o de incursionar en el mundo de las inversiones, entre otras alternativas que ofrecen, parecen haberse ganado la simpatía de los públicos que saben que los bancos tradicionales jamás los atenderían.

En Argentina, la irrupción del código QR de la mano de Mercado Pago en 2018 permitió que se diera un salto de 0 a 3,5 millones de usuarios en sólo 3 años, según datos de la empresa. La clave de este crecimiento explosivo fue la alianza sellada con pequeños y grandes supermercados que llevaron la herramienta a lugares masivos generando el crecimiento de conocimiento a la par de su imagen positiva. El BCRA (Banco Central de la República Argentina) admitió que en la primera mitad de 2021 “estos métodos de iniciación de pago experimentaron tasas de variación significativas debido a sus ventajas comparativas durante la etapa de distanciamiento social. Sin embargo, las modalidades presenciales de POS y mPOS registraron la mayor transaccionalidad de pagos, tanto en cantidades como en montos reales”.

Los casos de bancos digitales que, además de permitir una cuenta bancaria en pocos pasos y pocos minutos sin cobro de comisiones, también forman parte de este fenómeno. Evo Banco, Revolut y N26 son referentes en este segmento en Europa.

Como se advierte, las fintech deben su buen momento a que lograron resolver cuestiones cotidianas de las personas con un nivel de transparencia a los ojos de los usuarios que, hasta ahora, la banca tradicional no había concretado. El fenómeno todavía tiene mucho para dar y, seguramente en unos meses, haya novedades que contar.

Lo concreto es que en este nuevo escenario la explosión de generación de datos se amplifica aún más. Y es allí donde las organizaciones deben tener en cuenta la relevancia de las herramientas de Data Management como grandes aliados para aprovechar de manera escalable y segura las ventajas de esta ola de crecimiento.